Bebé pancarta

Foto. ABC

Foto. ABC

Como gesto, bien. Una madre con su bebé en su puesto de trabajo, en todo un Congreso de los Diputados, para visibilizar el problema de muchas madres a la hora de conciliar vida familiar y laboral. Pero si la que lo visibiliza, la que se proclama en protagonista de la reivindicación, es una señora que disfruta como trabajadora y como madre de privilegios vetados al resto de los mortales, a los que se supone que representa, el gesto se convierte en una soflama inaceptable y en un postureo que dura lo que dura la foto.

Al final, lo que Carolina Bescansa ha hecho no es más que una ‘performance’ con su hijo, de atrezzo, y pasarlo de mano en mano para satisfacer las ansias de portadas y titulares. Pablo Iglesias lo exhibía como cuando el padre de Simba en el Rey León le presenta la sabana, porque hasta donde alcanza la vista será su Reino y sus súbditos. Al final, el bebé acabó en manos de la niñera en la ‘sesión infantil’ del Congreso, como refleja en ABC David Gistau

Foto: La Vanguardia

Foto: La Vanguardia

 

Bescansa ha demostrado tener ‘apego’, sí, seguro que a su hijo, pero sobre todo a las portadas, titulares, a las horas de telediario y magacine, a copar tertulias y a los ‘memes’, los muchos ‘memes’ que por desgracia hoy protagoniza su hijo a quien su propia madre ha expuesto como carne de cañón. Convertido incluso en candidato a la presidencia del Congreso, con voto nulo. El gesto, como símbolo, y la reivindicación son impecables, pero la protagonista no es creíble.

Cuántas madres acaban llevándose a sus hijos al trabajo el día que los abuelos no están por la labor, que no hay dinero para la guardería, que los profesores deciden tomarse más vacaciones o alargar esa chorrada de la Semana Blanca. El caso de Carolina Bescansa es muy distinto. Porque hay pocas cosas que dan más repelús que ver cómo alguien utiliza a sus hijos, que no pueden negarse a colaborar, para por ejemplo mendigar en la calle, usarlos como arma arrojadiza en procesos de separaciones o divorcios y, ahora, hemos descubierto una nueva fórmula de uso de un hijo: Bebé pancarta.

Hagámonos un Bescansa: Llegas a tu puesto de trabajo, carrito y bebé en mano, quejándote de lo difícil que es ser madre y trabajadora a la vez, pero junto a ti llega tu niñera y, si esta te fallara, siempre queda la opción de la guardería que tu empresa ha creado para que no tengas ningún problema.

La reivindicación de la normalización de las madres políticas, en consonancia con el resto de madres de cualquier índole profesional, es justa. Pero en política es…, ¿Necesaria? Carolina Bescansa no es ni la primera, ni la única madre con escaño, pero sí la primera que lleva a su hijo al Congreso de pancarta, cercenando además su protección a la intimidad y al anonimato, siendo incluso un bebé. Como resume hoy el juez Calatayud en su blog: ¿Quién vela por que se respeten los derechos del bebé? Desde luego, no ha pedido ser protagonista de ninguna toma de posesión.

¿Y el padre? La conciliación laboral no es solo una cuestión de madres, también lo es de padres ¿El padre tampoco puede conciliar su trabajo, si lo tuviera, con el cuidado de su hijo? Como analiza Sandra Fernández en okdiario.com, Becansa lanza un mensaje machista: Una mujer no puede ser absolutamente independiente para desarrollar su profesión y necesita llevar a sus hijos a su puesto de trabajo. Un mensaje totalmente alejado de la realidad, que la propia Bescansa desconoce pero que quiere representar en su escaño en el Congreso. Para acabar declarando que ella ha criado a su hijo con “apego” y que quiere seguir haciéndolo en el Congreso (El Congreso ya pensó en eso en 2006 cuando creó una guardería para sus privilegiadas señorías).